Buscando a Grace O’Malley – IV

*En el capítulo anterior*

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La agitación en aquella habitación era grande, por eso vino la enfermera y dijo:

- ¡Venga familia, el recién nacido y la madre tienen que descansar!

Siempre se cumple eso de que “Toda fiesta con su aguafiestas”, pero me jodía cuando el aguafiestas era una mujer guapa. Mientras saliamos, la Marquesa me llamó y me dijo:

- Ven, tengo que hablar contigo.

- ¿A mi? Últimamente tengo la impresión de que no vivo en la misma isla, dime ¿Qué está pasando? ¿Qué me ocultais?

- No seas bobo, no te estamos ocultando nada, quizas deberias dejar la bebida, y más a partir de hoy, escúchame, tengo algo muy importante que decirte.

- ¡Tu dirás!

- Bien, verás, mi marido y yo hemos estado pensando en nuestro hijo, y su futuro, queremos que tenga una buena educación, y para ello…

- (Pensando para mí) Cuando me sueltan estos sermones no me entero de nada, podrián ir al grano.

- … con toda tu vida.

- ¿Cómo? ¿Cómo?

- Sí, que queremos que seas el padrino de nuestro hijo.

- Pee…peeeero ¿yo? ..ehhhh ¿estais seguros?

- Creemos que aunque con tus locuras podrias aportarle muchas enseñanzas.

- No se que decir, ¿tendré que dejar mis vicios?

- Eso sólo tu puedes saberlo.

- Pero ahora no puedo aseguraros nada.

- Está bien, sea lo que sea confiamos en tí.

Salí asustado de aquella habitación, yo, un viejo borracho, que jamás ha tenido mujer o hijo, querían que cuidase al hijo del Marqués, sin duda aquel pueblo estaba más loco que yo. Rápidamente tomé mi carruaje y me volví al pueblo, necesitaba hablar con Jamari y preguntarle en que consistía aquel juego que se traian.

Al llegar al poblado, todos estaban en la taberna, pero ese día no me apetecia ir, además necesitaba encontrar a Jamari, supuse que estaría en el faro, pero primero pasé por casa a dejar los aparejos y el carruaje, cual fué mi sorpresa que me habían robado 200 monedas de plata, sabía perfectamente quien había sido, un grumete al que refujié en mi casa cuando su padre murió en el hundimiento de nuestro barco, y el cual me echaba la culpa de aquel fracaso. Le presté mi hogar y mis pertenencias y encima ahora me robaba, no me importaba tanto el hecho de la plata, sino la forma de restregarmelo por las narices. Ahora mismo no sabía de su paradero, pero juré dar con él y vengarme.

Después de aquello necesitaba hablar con alguien, un día demasiado largo, así, me dirigí al faro a ver a Jamari, hacía una noche espléndida y desde el alto del acantilado se podrían ver perfectamente las estrellas. La puerta del faro estaba cerrada, no estaba allí, caí desvanecido al suelo mientras una lágrima se escapaba de mí, al poco rato y coléricamente me levanté y me dirigí a casa, encendí la hoguera, me senté en el sofá, encendí la pipa, dijé mis últimas palabras “Por mucha gente que halla en la villa siempre habrá sentimiento de soledad” y me….

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